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Reportaje

Alice Cooper y el arte de morir cada noche

El pollo, la guillotina y las serpientes hicieron ruido. Lo que convirtió a Alice Cooper en algo duradero fue un personaje con reglas, grandes canciones y un espectáculo donde el villano siempre termina pagando.

Alice Cooper lleva décadas subiendo al escenario para acabar ahorcado, electrocutado o decapitado. El público contempla la ejecución, celebra la caída del villano y sabe perfectamente que unos minutos después regresará para cantar el último himno de la noche.

Esa repetición podría haberse convertido hace mucho tiempo en una atracción de feria desgastada. Sin embargo, sigue funcionando porque la muerte nunca fue el verdadero espectáculo. Era el desenlace de una historia que empezaba mucho antes, cuando Alice aparecía como un personaje arrogante, corrupto, obsceno y encantado de provocar su propia condena.

Muchos artistas copiaron el maquillaje, la sangre y las herramientas de ejecución. Bastantes menos entendieron la arquitectura que había debajo. Alice Cooper no añadió objetos terroríficos a un concierto. Construyó una obra de teatro alrededor de una banda de rock.

El gran invento de Alice Cooper no fue escandalizar. Fue crear un escándalo que pudiera representarse, morir y comenzar de nuevo cada noche.

El primer truco ocurrió antes de saber tocar

La historia empezó en 1964 con un grupo de adolescentes que quería participar en un concurso escolar. Vincent Furnier reunió a varios compañeros del equipo de campo a través y formó The Earwigs. Ninguno dominaba un instrumento, así que se vistieron como The Beatles y fingieron tocar sus canciones.

Ganaron.

El detalle importa porque contiene buena parte de lo que vendría después. Antes de aprender acordes ya habían comprendido el poder de la presentación. El escenario no era un lugar donde demostrar únicamente habilidad musical. También permitía fabricar una realidad durante unos minutos.

Tras el concurso compraron instrumentos en una casa de empeños, empezaron a ensayar y acabaron convirtiendo la broma en una banda real. The Earwigs pasaron a llamarse The Spiders y más adelante adoptaron el nombre Alice Cooper.

Aquel nombre no pertenecía al vocalista. Nombraba al grupo entero.

1964

Un grupo escolar gana un concurso imitando a The Beatles.

1969

Un pollo y una noticia exagerada convierten el caos en publicidad.

1971

La música empieza a estar a la altura de la imagen.

1973

El escenario se transforma en una maquinaria de ejecución.

1975

El nombre de la banda se convierte definitivamente en personaje.

Alice Cooper era una banda antes de convertirse en un hombre

La confusión entre banda y cantante terminó siendo una ventaja. El público empezó a identificar aquella cara maquillada con el nombre del grupo hasta que Vincent Furnier quedó casi oculto detrás de su propia creación.

Alice no era simplemente una versión exagerada de Vincent. Funcionaba como un personaje independiente. Tenía una forma de caminar, una mirada, una voz sarcástica y una moral bastante dudosa. Podía interpretar a un asesino, un paciente encerrado, un director de colegio corrupto o una criatura atrapada dentro de una pesadilla.

Cuando el grupo original llegó a su final, el personaje ya era demasiado reconocible para desaparecer. Furnier adoptó legalmente el nombre y comenzó su carrera en solitario como Alice Cooper.

El cantante había terminado viviendo dentro del nombre que la banda había inventado.

La banda

Aportó riffs, melodías, ritmos extraños y una identidad colectiva mucho más compleja que la de un vocalista con músicos de acompañamiento.

El personaje

Permitió exagerar la violencia, la vanidad y la locura sin convertir cada canción en una confesión personal.

El escenario

Unió las canciones mediante delitos, castigos y resurrecciones que daban sentido al repertorio.

Bob Ezrin obligó al monstruo a aprender estructura

La imagen de Alice Cooper ya resultaba difícil de olvidar, pero sus primeros discos todavía no tenían la precisión necesaria para sostenerla. Había ideas extrañas, psicodelia, ruido y provocación, aunque faltaban canciones capaces de sobrevivir cuando se apagaban las luces.

Bob Ezrin entró en escena con la misión inicial de rechazar al grupo. Después de verlo actuar en Nueva York hizo exactamente lo contrario y decidió trabajar con ellos.

Su aportación no consistió en domesticar la rareza. La organizó. Recortó ideas que no funcionaban, introdujo nuevos arreglos, añadió piano y elementos orquestales y obligó a la banda a revisar las canciones hasta que cada parte cumpliera una función.

De aquella relación salieron discos como Love It to Death, Killer, School’s Out y Billion Dollar Babies. El espectáculo seguía siendo excesivo, pero ahora tenía riffs que podían golpear sin necesidad de una serpiente alrededor del cuello.

El himno definitivo

School’s Out convirtió tres minutos de liberación en una canción eterna

El riff de Glen Buxton, la sección rítmica y el coro infantil transformaron el último día de clase en una revuelta perfectamente producida.

El pollo no creó la leyenda

En 1969 apareció un pollo sobre el escenario durante una actuación en Toronto. Alice lo recogió y lo lanzó hacia el público convencido de que podría volar. El animal cayó entre los asistentes, que lo despedazaron y devolvieron restos y plumas hacia el escenario.

Al día siguiente la historia ya había mutado. Algunas versiones aseguraban que Alice había matado al animal, arrancado su cabeza y bebido su sangre.

Frank Zappa le aconsejó que no se esforzara demasiado en desmentirlo. La prensa había fabricado en una noche una reputación que habría costado meses de promoción.

La anécdota suele presentarse como el nacimiento de Alice Cooper, aunque en realidad solo aceleró un proceso que ya estaba en marcha. El grupo llevaba tiempo aprendiendo a utilizar el rechazo como combustible. Si los adultos consideraban desagradable a Alice, los adolescentes tenían un motivo más para acercarse.

Alice Cooper entendió que una acusación exagerada podía ser más útil que una campaña publicitaria perfectamente controlada.

El horror funcionaba porque tenía reglas

El espectáculo fue incorporando camisas de fuerza, sangre falsa, serpientes, sillas eléctricas, horcas y guillotinas. Visto como una lista, todo parece una competición adolescente por colocar el objeto más desagradable posible sobre un escenario.

En directo ocurría algo distinto.

Las piezas formaban una secuencia. Alice aparecía, provocaba, cometía algún delito y terminaba capturado. Después llegaba el castigo. Una enfermera podía encerrarlo, un verdugo conducía la ejecución y el personaje acababa pagando por todo lo que había hecho durante el concierto.

El mago James Randi ayudó a convertir aquellas ideas en ilusiones que pudieran viajar de ciudad en ciudad. La guillotina dejó de ser un simple decorado y pasó a funcionar como un truco escénico repetible, seguro y suficientemente convincente desde las primeras filas.

Alice Cooper había encontrado un punto intermedio entre el concierto, el vodevil, el cine de terror y la magia de escenario. El público sabía que la decapitación era falsa, pero también sabía que debía reaccionar como si acabara de presenciarla.

Entrada

El villano toma el escenario y presenta su mundo.

Delito

El personaje pierde el control y provoca su propia caída.

Castigo

Alice muere delante del público y el orden parece restaurado.

Regreso

El cantante vuelve para cerrar la noche con el gran himno.

La ejecución daba sentido al espectáculo

La muerte de Alice Cooper no era un efecto aislado colocado al final para conseguir una fotografía llamativa. Resolvía el conflicto que el propio personaje había creado.

Alice representaba todo aquello que padres, profesores y autoridades temían encontrar en la cultura juvenil. Era insolente, ambiguo, indisciplinado y disfrutaba alterando el orden. Su ejecución permitía que el espectáculo jugara a ser peligroso sin romper completamente sus reglas.

El villano podía cruzar cualquier límite porque el guion siempre reservaba una condena para él.

Después resucitaba.

Esa resurrección convertía la derrota en victoria. La autoridad podía cortar la cabeza de Alice una noche, pero nunca conseguía impedir que apareciera en la siguiente ciudad.

La guillotina castigaba al personaje y protegía el mito. Alice moría para que Alice Cooper pudiera continuar.

Welcome to My Nightmare convirtió un disco en un lugar

En 1975 apareció Welcome to My Nightmare, el primer disco en solitario firmado por Alice Cooper. La separación de la banda original podría haber reducido todo a un cantante repitiendo viejos trucos. En su lugar, Alice y Bob Ezrin construyeron una pesadilla completa alrededor de un niño llamado Steven.

Las canciones funcionan como habitaciones conectadas. Hay miedo, deseo, violencia, humor negro, insectos, cadáveres y adultos deformados por la imaginación infantil. El disco no mantiene un único sonido porque una pesadilla tampoco respeta un género. Pasa del rock al cabaret, de la balada al cine y de la sensualidad al sobresalto.

Vincent Price apareció como espíritu de la pesadilla en el especial televisivo asociado al álbum. Su presencia no servía como simple cameo. Unía a Alice con una tradición de terror elegante y teatral que entendía perfectamente la diferencia entre asustar y divertirse jugando a asustar.

La pesadilla toma forma

Welcome to My Nightmare llevó la narración al centro del concierto

El escenario dejó de ser el lugar donde se acumulaban trucos. Pasó a representar la mente de Steven y cada canción abrió una parte distinta de ese mundo.

Las canciones evitaron que el circo se derrumbara

El shock rock produjo muchos artistas con mejores efectos, más volumen, mayor presupuesto y maquillaje más extremo. Lo difícil siempre fue escribir una canción tan eficaz como I’m Eighteen, School’s Out o No More Mr. Nice Guy.

I’m Eighteen no necesita decorado porque encuentra una tensión muy concreta. El protagonista ya no es un niño, aunque tampoco posee la seguridad de un adulto. La voz áspera y el riff transmiten una incomodidad que no depende de ninguna época.

School’s Out tampoco habla de una rebelión abstracta. Se concentra en el momento exacto en que termina el curso y el edificio pierde temporalmente su autoridad. La canción no describe la libertad. La hace sonar.

No More Mr. Nice Guy convierte la mala reputación en una identidad asumida. En lugar de pedir perdón por el personaje que la prensa había construido, Alice decide utilizarlo.

Las canciones sostienen el espectáculo porque funcionan cuando desaparece la escenografía. La guillotina puede impresionar una vez. Un buen estribillo consigue que el público vuelva.

Lo fácil de copiar

La pintura negra, la sangre falsa, los maniquíes, las ejecuciones y la imaginería de terror.

Lo difícil de copiar

El humor, la estructura narrativa, la distancia entre artista y personaje y un repertorio capaz de sobrevivir sin efectos.

Cuando la pesadilla dejó de ser decorado

Durante los años setenta la separación entre Vincent y Alice empezó a deteriorarse. El alcohol dejó de ser parte del ambiente para convertirse en un problema real. Tras ingresar en un centro de tratamiento, Alice transformó aquella experiencia en From the Inside.

El disco apareció en 1978 y utilizó como personajes a personas que había conocido durante su estancia. Enfermeras, pacientes, habitaciones y comportamientos del centro entraron en las canciones.

El movimiento resulta revelador. Incluso cuando la realidad alcanzó al hombre detrás del maquillaje, Alice Cooper no publicó un diario convencional. Convirtió la experiencia en otro escenario, repartió papeles y levantó un nuevo decorado alrededor de ella.

No escondió el problema. Tampoco permitió que destruyera el personaje. Lo absorbió dentro de su propio lenguaje.

Alice Cooper nunca necesitó elegir entre confesión y ficción. Utilizó la ficción para acercarse a aquello que resultaba demasiado real.

La verdadera herencia no está en el maquillaje

Kiss amplió la escala del espectáculo. Marilyn Manson convirtió el miedo cultural en provocación política. Rob Zombie mezcló el concierto con el imaginario del cine de explotación. Slipknot trasladó la identidad monstruosa a una banda completa.

Todos ellos trabajan en un terreno que Alice Cooper ayudó a delimitar, aunque su herencia más profunda no consiste en parecer siniestro.

Alice demostró que un músico podía crear un personaje tan reconocible como una figura cinematográfica. También enseñó que el concierto podía tener planteamiento, conflicto y desenlace sin dejar de funcionar como una descarga de rock.

Sobre todo, comprendió que el terror necesitaba humor. Una guillotina presentada con absoluta solemnidad acaba resultando ridícula. Alice acepta desde el principio que todo contiene una parte de comedia. El público puede sentir inquietud y reírse en la misma escena.

Alice Cooper sigue levantándose

El personaje ha sobrevivido porque nunca dependió de convencer al público de que todo era real. Nadie cree que la hoja de la guillotina atraviese su cuello. La gracia está en participar durante unos segundos en una mentira diseñada con precisión.

Tampoco depende únicamente de la nostalgia. El mecanismo continúa siendo comprensible para alguien que nunca haya comprado uno de sus discos. Un villano aparece, se adueña del escenario, provoca el caos y termina ejecutado por sus propios excesos.

Después se levanta.

La sangre se limpia, la cabeza vuelve a su sitio y la función puede empezar de nuevo en otra ciudad.

Esa es la idea que muchos imitadores pasaron por alto. Alice Cooper no convirtió el rock en una película de terror.

Lo convirtió en una función que nunca termina.