Solo faltan

Día(s)

:

Hora(s)

:

Minuto(s)

:

Segundo(s)

Bunbury · Nuevo disco · Rock español

Bunbury cierra etapa con De un siglo anterior y ya mira hacia otra mutación

El músico zaragozano vuelve al folclore hispano y latinoamericano, pero lo más interesante no está solo en el sonido. Está en la sensación de que este disco funciona como despedida de una piel antes del siguiente cambio.

Músico de rock sobre el escenario con guitarra y luces cálidas

Bunbury no ha publicado De un siglo anterior para subirse al carro de nada. Esa es, probablemente, la parte más rara y más valiosa del asunto. En una industria obsesionada con parecer joven, viral y disponible para el algoritmo, él ha decidido mirar hacia una música anterior, mestiza, nocturna y poco interesada en pedir perdón por no sonar a tendencia.

El disco fue grabado en México y se mueve por territorios de raíz como el bolero, la cumbia, el tango, la ranchera y otros códigos del folclore latinoamericano. No es exactamente un capricho exótico. Bunbury lleva años construyendo ese puente entre España y América hasta convertirlo en una parte central de su identidad artística.

No es nostalgia. Es otra forma de llevar la contraria.

La tentación fácil sería vender este disco como una mirada nostálgica. El título ayuda. De un siglo anterior suena a viejo mapa de carretera, a tienda de discos, a bares donde todavía no todo estaba diseñado para ser fotografiado. Pero reducirlo a nostalgia sería quedarse en la superficie.

Bunbury no parece añorar el pasado como quien quiere congelarlo. Más bien usa ese pasado para discutir con el presente. Con la prisa, con la economía de la atención, con la música convertida en contenido y con esa obligación absurda de que todo artista tenga que comportarse como una pequeña empresa audiovisual.

El disco mira atrás, sí. Pero no para refugiarse. Mira atrás para tomar impulso y salir por otro lado.

El cierre de etapa es la verdadera noticia

Lo más jugoso no es que Bunbury haya vuelto a los sonidos latinoamericanos. Eso ya venía de antes. Lo importante es que él mismo ha dejado caer que este territorio empieza a cerrarse. En entrevistas recientes ha hablado de cerrar ciclos, de moverse hacia otros espacios musicales y de que tiene discos futuros en la cabeza que irían en dirección bastante distinta.

Ahí está la clave. De un siglo anterior puede escucharse como continuación de una búsqueda, pero también como final de una estancia. Un disco de alguien que todavía disfruta del paisaje, aunque ya esté mirando la carretera de salida.

Eso lo hace más interesante que un simple lanzamiento de veterano prestigioso. Bunbury no está en modo conservación. No parece decir “esto soy yo y aquí me quedo”. Parece decir algo más incómodo: esto soy yo ahora, pero no te acostumbres demasiado.

Una rareza útil dentro del rock español

El rock español tiene un problema con la edad. Muchos artistas envejecen repitiendo la foto que les hizo famosos. Otros intentan parecer contemporáneos a golpes de productor, colaboración y estética prestada. Bunbury, con todas sus contradicciones, ha encontrado una tercera vía: envejecer raro.

No raro en el sentido de hacer ruido gratuito. Raro en el sentido de no colocarse donde se espera. Viene del rock, pero puede aparecer vestido de bolero. Tiene pasado de estadio, pero se permite escribir canciones que no buscan el estribillo de festival. Es una figura popular, pero se mueve como si todavía necesitara incomodarse un poco para no convertirse en estatua.

Y eso, en 2026, tiene más valor del que parece. Porque el mercado musical está lleno de artistas eficaces, pero no tantos artistas con mundo propio. Bunbury puede gustar más o menos, pero cuando entra en una canción se nota que detrás hay una biografía, una biblioteca, una geografía y una voz que no suena intercambiable.

La América de Bunbury no es decorado

Hay discos españoles que usan Latinoamérica como color. Una percusión aquí, una palabra allá, una portada con polvo y ya tenemos concepto. En Bunbury el vínculo parece bastante más profundo. Ha trabajado allí, ha girado allí y ha entendido que América no es solo mercado, sino una manera distinta de escuchar y de escribir canciones.

Por eso De un siglo anterior no suena como una postal turística. Puede tener momentos más solemnes, más teatrales o más de personaje, porque eso siempre viene en el paquete Bunbury. Pero no parece un disfraz. Parece otro capítulo de esa obsesión suya por escapar del molde del rock español sin abandonar del todo su sombra.

  • Para quien venga de Héroes del Silencio, no es el disco más directo ni el más guitarrero.
  • Para quien siga su etapa solista, encaja dentro de su línea más viajera y latinoamericana.
  • Para quien solo busque actualidad musical, la noticia está en el gesto: un artista veterano cerrando etapa sin sonar a retirada.

Lo que queda después del disco

El gran atractivo de De un siglo anterior no está en decidir si es el mejor Bunbury reciente, ni en forzar una nota definitiva. Está en otra cosa. En observar a un músico que podría vivir cómodamente de su archivo y que, sin embargo, sigue necesitando cambiar de habitación.

Eso no garantiza grandes canciones siempre. Nadie con una carrera larga se libra de altibajos. Pero sí mantiene viva una cualidad que escasea: la sensación de que todavía puede pasar algo.

Y quizá por eso este disco funciona mejor si no se escucha como una llegada, sino como una puerta entornada. Bunbury ha vuelto a un siglo anterior, ha recogido algo de allí y ahora parece preparado para irse a otro sitio. Mejor eso que otro artista ilustre haciendo turismo por su propio monumento.