Crónica Resurrection Fest 2025
Veinte años no se cumplen todos los días. Y el Resurrection Fest 2025, celebrado del 25 al 28 de junio en Viveiro, no solo lo celebró: lo quemó todo. Esta edición no ha sido una más. Ha sido un ritual extremo, una comunión brutal entre generaciones de metaleros, punkarras y fanáticos del ruido bien hecho. Los cabezas de cartel prometíam, pero lo que se vivió en Galicia superó incluso las expectativas más optimistas con record de asistencia.
Miércoles 25 – Apertura intensa y astronómica
Main Stage
La tarde arrancó puntual con From Fall To Spring (16:00–16:40), un combo con energía y melodías que sorprendieron en su primera cita del festival. A pesar de su reciente paso por Eurovisión, su directo sonó sólido, vibrante, y dejaron claro que tienen ritmo para grandes escenarios.
A continuación, Signs of the Swarm (17:20–18:05) metieron brutalidad y grindcore sin manchas. El pit se encendió desde el primer breakdown y el público reafirmó por qué el Chaos Stage no es el único hogar de la intensidad.
Novelists (18:50–19:35) pitó más bajo que ellos y llegaron con el listón alto tras su show en Hellfest. Aquí Camille Contreras lo hizo bien, pero no afinó igual que cuando actúa en Francia, se notó menos inspirada, pero no estuvieron mal. El público estuvo entregado y será curioso ver si reinvierten el rumbo en Leyendas del Rock.
Jinjer (20:25–21:25) hicieron olvidar los desajustes previos. Tatiana Shmayluk ejerció de frontwoman imparable, mucha presencia, voz de súper héroe y presencia magnética. Banda afilada, brutal.
Cerrando la jornada, Judas Priest (22:30–00:00) ofreció un set clásico potente, celebrando medio siglo de heavy metal. Glenn Tipton, Halford… máquina perfecta. Un cierre épico que confirmó que el Resu celebra historia con mayúsculas.
Ritual Stage, Chaos & Desert Stage
La actitud experimental del Ritual volteó con Deimocracy, Psilicon Flesh, Lost Society, Skynd y Tarja. La ex de Nightwish trajo su perfil melódico y soprano, con la oscuridad del escenario como telón de fondo.
El Chaos Stage sorprendió con la aparición especial de letlive. (covering their own chaos), seguido de molestos pero potentes sets de Spy, Paerish, Terminal Sleep y un ciclado Stick To Your Guns de casi dos horas. El Desert Stage sirvió rutinas más psicodélicas con Mind Traveller, ácidos con Årabrot, raíces con The Southern River Band, esotéricos Eihwar y rituales tribales con Pentagram, a los que muchos fueron solo por el meme y faltó espacio.
Balance de la jornada: mezcla perfecta de peso (Judas Priest), trayectoria moderna (Jinjer, Stick To…). Molestia nivel alto por calor, pero una apertura con identidad propia.
Jueves 26 – Ritual lindeniano, Korn redentor
Main Stage
Stain The Canvas (15:45–16:25) calentaron con metalcore bien medido. Oscuros y pesados. A continuación, Northlane (17:05–17:55) ofrecieron su modernidad técnica y progresivo melódico con solvencia notable. Después, Seven Hours After Violet (18:45–19:35) entraron torpemente: bajo de Shavo Odadjian muy fuerte, voces tapadas… dominio del bajo que estranguló el resto. Falta equilibrio.
Till Lindemann (20:35–22:05) ocupó el Main con un espectáculo grotesco y teatral: pescado voando, tartas aplastadas, baterista travestido lanzando tampones usados… espectáculo visceral más allá de la música. Provocador y desconcertante, polarizó opiniones y generó memorias tan grotescas como intensas. Lo que es seguro: se habló de él toda la jornada.
Luego Korn (23:00–01:00) subió a la tarima y la deuda adquirida por cancelaciones anteriores se pagó con creces. Jonathan Davis sonó enérgico, profundo, y el público respondió con raw power. Pits gigantes, sudor y amistad nu-metal. Romance reavivado.
Ritual Stage
Combates con Killus, Vowws, Death Angel, Municipal Waste, Heredeiros da Crus (disparo patrio) y Hämatom combinando thrash y fiereza.
Chaos & Desert Stage
Intensidad con Guilt Trip, Cabal, Deez Nuts, Evergreen Terrace… en Chaos. Desert reservó psicodelia extrema con show secreto, Messa, Conan, Eagles of Death Metal. Una atmosfera diversa y sin tregua.
Viernes 27 – Sobredosis atmosférica
Main Stage
Broken By The Scream (15:55–16:25) chispa metalcore despierta la energía inicial. Después Deviloof (17:05–17:50) cañonazo japonés técnico en la línea brutal Underground. Aphonnic (18:40–19:30) ofrecieron el show más flojo en el main del festival, quizá tocar en el Desert les hubiera ido mejor. Llegaron Tesseract (20:30–21:45) con su progresividad impecable —un respiro limpio que subió el nivel— y a continuación el espectáculo de la noche: Falling In Reverse (23:00–00:15), impecables en sonido y cronometraje. Sí, hicieron playback en momentos, pero en contextos coreables que masificaron la respuesta. Espectáculo calculado, explosivo y memorable. Finalmente, Angelus Apatrida (01:20–02:35) sacudió thrash patriótico: contundentes y feroces.
Ritual Stage
Vibraron con Soen (19:30–20:30), metal elegante, sonido pulcro. Ese escenario fue oasis emocional entre caos. Además destellos de Crucified Barbara, Unprocessed, Party Cannon… entretenimiento contínuo.
Chaos & Desert Stage
Caos puro con Ignite, Desolated, Lake Malice. Desert Stage exploró con Moonshine Wagon, Datcha Mandala, Harakiri for the Sky: black atmosférico pesado e hipnótico.
Sábado 28 – Slipknot y el colapso, Zeal & Ardor brillan entre sombras
Main Stage
Gutalax (16:10–16:50) abrió la jornada grande del Resu con su ya mítico show de goregrind festivo. Papel higiénico volando, pogo con flotadores, y una coreografía absurda que terminó de espabilar al personal. Grotescos, divertidos, y exactamente lo que pedía el cuerpo para arrancar un día largo.
Tetrarch (17:30–18:10) pisó fuerte con su groove metal oscuro y bien empacado. No fueron los más coreados, pero su propuesta tiene empaque, actitud y riffs pesados que convencen. Una banda que pide escenarios más grandes pronto.
Aviana (19:10–19:50) ofreció uno de los conciertos más redondos de la tarde, con una puesta en escena elegante, breakdowns afilados y un sonido muy sólido. Coincidió con la actividad del Resukids, lo que regaló uno de los momentos más tiernos del festival: varios niños y niñas subieron al escenario entre aplausos y cuernos, demostrando que esto es más que música extrema.
Crossfaith se cayó del cartel a última hora, pero entraron Adept (20:55–21:40) con fuerza. Directo ágil, sonido correcto y un público que respondió con gratitud. Quizá no estaba en sus planes, pero cumplieron sobradamente el encargo de última hora.
Slipknot (23:00–01:00) fue otro nivel. El recinto jamás estuvo tan lleno. Desde dos horas antes, la gente buscaba hueco, y para cuando Corey Taylor apareció entre llamas, ya no se podía ni respirar. La banda encadenó clásico tras clásico —“Duality”, “Before I Forget”, “Wait and Bleed”— sin apenas descanso, con una ejecución impecable y un espectáculo visual brutal. Pogos por oleadas, gritos desde todos los rincones, y una sensación colectiva de estar ante el mayor directo en la historia del festival. Agobiante, apoteósico, inolvidable.
Skindred (01:55–03:00), encargados del cierre, trajeron su habitual fiesta rasta-metalera. Todo el mundo bailaba, las camisetas volaban en el clásico “Newport Helicopter”, pero Benji Webbe hablaba demasiado. Cortaba el ritmo cuando mejor estaba la cosa. Le faltó dejar fluir la música y confiar más en el groove que genera su banda. La energía seguía ahí, pero el cierre no fue tan explosivo como cabía esperar.
Ritual Stage
Our Natural Killer (15:35–16:05) abrió con garra y mucha actitud. Pese al calor abrasador, su hardcore con tintes metalizados fue una buena bienvenida al escenario más sombrío del festival.
The Broken Horizon (16:55–17:25) demostraron que ya no son promesa sino realidad. Sonido muy pulido, riffs técnicos y un manejo escénico cada vez más maduro. Público entregado.
Mental Cruelty (18:15–18:55) trajo violencia en estado puro. Deathcore sin concesiones, voces demoníacas y blast beats que hicieron temblar el suelo del Ritual. De los más extremos de toda la jornada.
Spectral Wound (19:45–20:35) oscureció el ambiente con un black metal crudo y sin artificios. Muy buena ejecución y una actitud sobria pero imponente. El Ritual parecía una cripta al atardecer.
Vader (21:45–22:45) fue una apisonadora sónica. Su death metal clásico sonó como un cañón. Precisión quirúrgica, contundencia sin tregua y un directo que dejó claro por qué llevan más de 30 años en esto. Uno de los mejores sonidos de todo el festival.
Zeal & Ardor (00:45–01:45) ofrecieron el concierto más singular del sábado. Su mezcla de góspel, soul oscuro, black metal y electrónica ritual fue hipnótica. Cada canción era un conjuro. En sala deben ser aún más intensos, pero aquí ya dejaron huella. No hubo pogo, ni falta que hizo. Lo suyo fue liturgia y emoción. De lo más celebrado del día.
¿Quién se lleva la corona en Viveiro?
En nuestra opinión, Falling In Reverse se coronó como el gran vencedor del Resurrection Fest 2025. No por volumen, no por brutalidad, sino por una producción milimétrica y un sentido del espectáculo que dejó a medio festival con la boca abierta. Ronnie Radke, tan polémico como talentoso, sorprendió a muchos con un dominio absoluto del escenario, combinando teatralidad, potencia vocal y una banda perfectamente sincronizada. Hubo playback, sí, pero bien usado, sin esconder nada y elevando los momentos más coreables. La ejecución fue de 10.
Y si hablamos de revelaciones, Zeal & Ardor firmaron uno de los conciertos más singulares del festival. Su mezcla de black metal, góspel y soul en el Ritual Stage hipnotizó a un público que no esperaba una propuesta tan cargada de alma y tensión emocional. Sin alardes escénicos ni grandes efectos, se metieron en el bolsillo a todos a base de atmósfera, oscuridad y carisma. Un directo magnético que deja claro que el metal del futuro puede y debe tener nuevas formas.
