Los problemas de organización del Evil Live 2025
El Evil Live Festival 2025 dejó huella. Literal. En los tímpanos, en los pies… y en la piel abrasada de miles de personas que sobrevivieron tres días de metal extremo bajo el sol más cabrón del calendario. Lisboa ardía a casi 40 grados y, aunque Korn, Slipknot y compañía lo dieron todo en el escenario, hubo momentos en que el verdadero headliner fue el calor.
Y no, esto no es una queja barata de festivaleros blanditos. Es una crítica constructiva de alguien que ama el metal, los festivales y que sabe que se puede hacer mejor. Porque sí, nos fuimos felices, pero también deshidratados, mareados y con la sensación de que la organización estuvo varios pasos por detrás de la magnitud del cartel.
Pocos grifos
Vamos al grano. Tres días a casi 40 grados sin puestos de agua gratuitos. ¿En serio? En 2025. En Europa. En un festival de esta envergadura. No había ni una mísera fuente, ni un sistema básico de hidratación. Lo que sí había era gente desfalleciendo, buscando sombra como si fuera oro, y colas de 30 minutos para pagar una botella de agua. Eso no es solo incómodo: es peligroso.
Mientras tanto, en festivales como el Resurrection Fest de Viveiro, este tipo de detalles están más que cubiertos. Aunque Galicia también sufrió calor extremo este año, la organización tuvo el gesto de lanzar agua desde el foso durante los momentos más críticos y repartió botellines entre el público que los pedía. No es tan difícil: hidratar no cuesta tanto si hay voluntad.
¿Cerveza española en Portugal? Aí não, caralho.
¿Quién decidió que la cerveza oficial del Evil Live 2025 debía ser española? Con todo el cariño a nuestros hermanos ibéricos, Portugal tiene cerveza propia. Tiene Super Bock, tiene identidad. Y un festival que presume de levantar el metal nacional no puede caer en una contradicción tan absurda. No se trata de nacionalismo barato, se trata de coherencia cultural.
Y ya que hablamos de cerveza… esperar 35 minutos bajo el sol para que te sirvan una caña caliente debería estar tipificado como delito. ¿Cómo consigues tirar cerveza de barril a temperatura de sopa? Eso no es logística fallida, eso es negligencia cervecera.
Falta de apoyo real al metal portugués
El cartel del Evil Live 2025 fue potente, no se discute. Korn, Slipknot, Machine Head, Trivium… nombres que llenan cualquier recinto. Y sí, Ramp, Gaerea, Bizarra Locomotiva y Faemine estuvieron allí y dejaron claro por qué son referentes. Pero ¿y las bandas que aún no han roto el techo de cristal?
No cuesta tanto reservar un escenario secundario para el metal underground portugués. Bandas que sudan en garajes, que revientan pubs con 30 personas, que sacan EPs con presupuestos de risa pero con el corazón por delante. El metal es comunidad, no solo grandes nombres de fuera. Y si no se les da espacio ahora, ¿cuándo?
En esto, nuevamente, el Resurrection Fest marca la diferencia. El Chaos Stage y el Ritual Stage han servido durante años para dar visibilidad a bandas locales y emergentes, muchas de las cuales han terminado girando internacionalmente. No cuesta tanto. Solo hace falta querer mirar más allá del hype.
Baños y la experiencia olfativa innecesaria
Otro tema que se repite en casi todos los festivales mal organizados: los baños. Pero en Evil Live 2025, el hedor alcanzó niveles de mosh pit tóxico. Varios asistentes reportaron que incluso desde la plataforma para personas con movilidad reducida el olor a orina se colaba cada vez que el viento cambiaba de dirección.
Una usuaria lo resumía así: “Estive na plataforma de mobilidade reduzida a levar com cheiro a mijo cada vez que mudava o vento 🤣”. Humor no faltó, pero eso no borra el hecho de que faltó atención básica a la limpieza.
De nuevo, en el Resurrection Fest (y hablamos de un festival con más asistentes y mayor duración), los baños estaban relativamente limpios, con papel higiénico y mantenimiento frecuente, sobre todo en las áreas más concurridas como el Pandemonium. Y eso, aunque parezca un detalle menor, marca la diferencia entre aguantar el día o querer largarte al hotel tras el tercer grupo.
Colas infinitas y logística torpe
Más allá de la cerveza y el agua, todo lo que implicaba comprar algo en Evil Live 2025 era un suplicio. Desde el primer día, colas eternas para acceder al recinto, para recargar la pulsera cashless, para comer y, lo peor, para beber algo frío. Si el objetivo era matar la sed, el festival lo convirtió en una misión secundaria del Dark Souls.
Y mientras tú te abrasabas en la fila, sonaba lo que habías pagado por ver. Porque en muchos casos, los tiempos de espera hacían que te perdieras medio concierto. ¿Cómo puede ser que un festival con este nivel de producción no tenga personal y estructuras suficientes para atender al público?
Lo bueno también se dice: conciertos de primer nivel
No todo fue negativo. Sería injusto no decirlo: los conciertos fueron brutales. Slipknot ofreció uno de sus mejores sets en años, Korn hizo temblar el suelo con un público absolutamente entregado, y los grupos portugueses que sí subieron al escenario lo dieron todo con un nivel altísimo.
El sonido fue crudo, denso y sucio en el buen sentido. Las luces, el montaje, la vibra general… todo eso funcionó como una descarga de adrenalina continua. Nadie puede decir que el cartel no fue de lujo. Pero cuando el entorno logístico no acompaña, todo se diluye. Es como tener una guitarra afinada conectada a un ampli roto.
El caos no tiene por qué doler
Lo repetimos: fue un gran festival. La música estuvo a la altura, la experiencia emocional fue intensa, y volveríamos sin pensarlo. Pero eso no significa que no haya que señalar lo que falló, porque esos fallos son evitables y porque la gente que paga 100, 200 o 300 euros merece respeto.
Un grifo de agua. Una caña fría. Baños decentes. Bandas locales en el cartel. Cosas básicas que otros festivales ya han resuelto con éxito, como el Resurrection Fest, que logra ofrecer una experiencia mucho más equilibrada entre caos musical y organización funcional.
Ojalá el Evil Live 2026 aprenda de esto. Porque el metal no se trata solo de romper cuellos con riffs, sino también de construir comunidad con dignidad. Y si puede ser con una Super Bock bien fría en la mano, mejor.
