Crónica de Lost Society en Viveiro

Hay conciertos que uno ve, y conciertos que uno sobrevive. Lost Society, el pasado 25 de junio en el Ritual Stage del Resurrection Fest de Viveiro, fue un poco de ambas cosas. La banda finlandesa ofreció un directo que, sin aspavientos ni la superproducción de Falling in Reverse, se sintió genuino, crudo y lleno de verdad. Y eso hoy vale oro.

En esta crónica de Lost Society en el Resurrection Fest 2025, hay que destacar que, con casi 200.000 oyentes mensuales en Spotify, sorprende que sigan siendo un secreto a medias. Porque si algo dejaron claro en Viveiro es que su directo, aun con imperfecciones, rebosa energía, presencia y una honestidad escénica cada vez más difícil de encontrar.

Samy Elbanna de Lost Society gritando mientras toca la guitarra en el Resurrection Fest 2025 en Viveiro

Desde el primer acorde, Samy Elbanna se adueñó del escenario con una mezcla de rabia, intensidad y ese carisma que no se aprende en academias. Con el setlist arrancando fuerte —No Absolution, Blood on Your Hands, 112— la banda dejó claro que aquí no se venía a tocar por cumplir.

No hubo backing tracks. Nada de muletas. Solo amplificadores, sudor y voluntad.

Y si bien no fue un concierto perfecto a nivel técnico —algunos pasajes con guitarras algo sueltas, alguna voz desbordada—, el alma fue de 10. Porque Samy no canta desde la garganta, canta desde el pecho y la tripa. Se deja todo. Se le nota que vive el show, que disfruta del cuerpo a cuerpo con el público, y que le da igual si hay polvo, humedad o algún pogo torcido: él se lanza igual.

Un sonido que sorprende (para bien)

Una de las cosas que más me sorprendió fue lo bien que sonaba el Ritual Stage. En otros festivales este tipo de escenarios “secundarios” tienden a ser más caóticos. Aquí no. El sonido estuvo claro, potente, sin acoples ni mezclas embarradas. La batería de Taz Fagerström sonaba seca y precisa. Las guitarras con cuerpo. Y la voz, aunque agresiva, se entendía.

Es raro, pero pasó: te podías meter en el pogo, gritar y aún así escuchar bien lo que estaba pasando sobre el escenario.

Awake, Into Eternity y el punto álgido del show

El setlist tuvo momentos especialmente brillantes. Entre ellos, Awake y Into Eternity, donde por fin el público entró en comunión total con la banda. El primero con su tono apocalíptico que levanta la piel. El segundo, más melódico, pero igual de desgarrado. Hubo también espacio para lo nuevo, como Dead People Scare Me (But the Living Make Me Sick), que funciona como himno punk post-pandémico: directo, crudo, sarcástico.

Cuando la banda tocó este tema, Samy bajó al público, y el pogo estalló con fuerza. Fue uno de esos momentos donde uno piensa: «esto sí es un directo». Sudor, empujones, y ese ruido del bajo que te golpea el pecho por dentro.

Hubo también espacio para lo humano: en medio del pogo, alguien cayó al suelo, y aunque el mosh se detuvo unos segundos, la gente respondió con buen rollo, ayudando a levantarlo y retomando el movimiento sin drama. Un pequeño detalle sobre nuestra crónica de Lost Society en Viveiro, pero interesante. 

Lost Society en el Resurrection Fest de Viveiro 2025 - Concierto en directo
Arttu Lesonen, guitarrista de Lost Society, tocando en el Resurrection Fest 2025 con su característico traje blanco

Una banda sin filtros ni maquillaje

Lo que más valoro de este concierto es que no fue un producto, sino una entrega. A pelo. Elbanna no necesita un doble de estudio que le cante desde una pista grabada. Tampoco hay sincronías preprogramadas. Aquí todo vibra o falla en tiempo real, y eso es parte de su encanto.

Podríamos decir que les falta algo de precisión, que podrían pulir más el sonido o la escenografía, pero sería injusto exigir perfección a una banda que prefiere la verdad al artificio. En tiempos donde muchos conciertos son coreografiados con clics de batería y líneas de bajo automáticas, ver a una banda fallar en directo y seguir adelante tiene algo muy reconfortante. Como un camarero que te sirve mal el vino, pero te cuenta un chiste brillante después. Te quedas igual.

El público y las hostias (en su justa medida)

Desde fuera del foso, hacer fotos de Lost Society no fue tarea fácil. Me llevé más hostias que DiCaprio en El Renacido —y eso estando fuera del pogo. Pero lo curioso es que nadie lo hacía con mala intención. El ambiente, salvo alguna que otra excepción, fue bueno. Gente volando sobre hombros ajenos, pero sin malas caras.

Eso sí, durante el concierto de Korn hubo más tensión. Algunos llevaban horas guardando sitio frente al escenario, y llegaron otros listos que quisieron colarse a última hora. Ahí sí hubo discusiones, empujones feos y alguna pelea absurda. Pero en Lost Society todo fluyó con naturalidad. La intensidad no estaba reñida con el respeto.

Y ahora… Villena nos espera

La próxima parada será en el Leyendas del Rock 2025 en Villena, y por supuesto estaremos allí para cubrirlo. Será interesante ver cómo se adaptan a un festival con un público más clásico, más heavy de la vieja escuela. Pero conociéndolos, no tengo dudas de que Samy bajará al público igual y terminará gritando cara a cara con alguien de Alicante en primera fila.

Y volveré a ponerme frente al escenario, esta vez con las costillas un poco más preparadas y la cámara protegida como si fuera reliquia. Porque cuando una banda da todo, es un placer devolver el gesto.

Lost Society deberían haber tocado en el main. Pero no les hizo falta.

Sí, podrían haber estado en el escenario grande. Tienen presencia, tienen catálogo, tienen comunidad. Pero el Ritual Stage fue suficiente para confirmar que la música, cuando es sincera, se impone al tamaño de la pantalla LED que tienes detrás.

Lost Society ofrecieron un directo imperfecto, brutal, divertido, real. Y eso —en el fondo— es exactamente lo que uno busca cuando va a un festival como el Resu. Volver lleno de sudor, ruido, fotos medio movidas y esa sensación de haber estado dentro de algo.