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Metal · Ranking · Década 2010

Los mejores discos de metal de la década de 2010

Un ranking con discos que pesaron de verdad entre 2010 y 2019: metal extremo, heavy clásico, progresivo, gothic doom, thrash crossover y algún nombre que hará enfadar al guardián del underground.

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2010
2019
15 discos para entender una década rara, fragmentada y bastante mejor de lo que algunos recuerdan.
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Hacer una lista de los mejores discos de metal de una década siempre acaba mal. Si metes demasiadas bandas populares, aparece el guardián del underground a decirte que eso no es metal. Si metes quince grupos que no conoce ni el técnico de sonido de su barrio, pareces el típico crítico que no recomienda discos, sino tareas.

Así que vamos a hacer otra cosa. Este ranking no busca parecer más listo que nadie. Tampoco quiere ser una lista automática con los discos que ya conoce todo el mundo. La idea es cruzar tres cosas bastante sencillas: peso real en la década, calidad musical y capacidad para aguantar el paso del tiempo.

Eso deja fuera discos muy buenos. Es inevitable. También obliga a bajar algunos trabajos que en ciertos foros aparecen altísimos, pero que quizá dependen más del impacto emocional o del cariño de una escena concreta que de su peso global. Y obliga a subir otros que, aunque a algún “true” le provoquen urticaria, explican mejor lo que fue el metal entre 2010 y 2019.

Peso

Discos que ayudaron a explicar la década, no solo joyas privadas para cuatro iniciados.

Canciones

Importa la influencia, sí. Pero si el disco no aguanta entero, baja puestos.

Tiempo

La pregunta clave: ¿seguiríamos recomendándolo hoy sin sonar a nostalgia de foro?

15

Iron Maiden – The Book of Souls

2015 Heavy clásico Doble álbum

The Book of Souls no es el disco más directo de Iron Maiden ni el más fácil de defender para quien quiera singles inmediatos. Es largo, irregular en algún tramo y muy de esa etapa en la que Maiden parecía más interesada en construir viajes que en escribir canciones cortas para cerrar festivales.

Pero también tiene algo que merece entrar en la lista: una banda gigantesca negándose a simplificarse por edad. “If Eternity Should Fail” abre con autoridad. “The Red and the Black” tiene ese punto épico y excesivo que solo Maiden puede permitirse sin que parezca parodia. Y “Empire of the Clouds”, con todos sus riesgos, demuestra que Bruce Dickinson seguía pensando a lo grande.

No es un disco perfecto. Pero en una década donde muchos veteranos sobrevivían a base de giras de nostalgia, Iron Maiden todavía publicó una obra larga, ambiciosa y reconocible.

Por qué está aquí: porque Maiden no se limitaron a proteger el museo. Todavía quisieron añadir una sala nueva.
14

Avenged Sevenfold – The Stage

2016 Metal moderno Ambición

The Stage entra por una razón que a muchos les molesta admitir: Avenged Sevenfold fue una de las pocas bandas grandes que mantuvo conectado al metal con una generación que no venía del heavy clásico.

No todo lo que hicieron fue perfecto. Tienen momentos de exceso, de teatro innecesario y de querer parecer más profundos de lo que realmente son. Pero The Stage es el disco donde esa ambición les salió bastante bien.

Aquí ya no estaban intentando ser una banda de metalcore de estadio ni una copia americana de Metallica con tatuajes y estribillos enormes. El disco mira al progresivo, al heavy clásico, a la ciencia ficción, a estructuras más largas y a una madurez que en su caso no siempre parecía garantizada.

Por qué está aquí: porque no se puede contar la década sin Avenged Sevenfold, aunque a muchos les fastidie.
13

Deftones – Diamond Eyes

2010 Metal alternativo Supervivencia

Diamond Eyes es uno de esos discos que parecen menores hasta que miras atrás y ves que no lo eran tanto. Deftones venían de una situación durísima, con Chi Cheng en coma tras el accidente de 2008, y podrían haber sacado un disco hundido, disperso o directamente paralizado por el golpe.

En lugar de eso hicieron un álbum compacto, elegante y con una tensión emocional muy bien medida. No es White Pony. Tampoco necesita serlo.

Representa otra cosa: el último gran fogonazo del metal alternativo entendido como música con atmósfera, deseo, violencia y belleza rara. Chino Moreno suena como si estuviera flotando sobre una maquinaria que a veces acaricia y a veces aplasta.

Por qué está aquí: porque pocos grupos salieron tan dignamente de los restos del metal alternativo de los 2000.
12

Judas Priest – Firepower

2018 Heavy clásico Leyenda viva

Nadie esperaba demasiado de Judas Priest en 2018. Uno podía tener respeto por la banda, por Halford, por la historia, por Painkiller, por British Steel y por todo el museo sagrado del heavy metal. Pero esperar un discazo real a esas alturas era otra cosa.

Y entonces llegó Firepower. El disco no reinventa nada. No falta que le hace. Su mérito es otro: consigue que Judas Priest suenen vivos, afilados y con una producción moderna sin parecer una banda joven disfrazada de vieja ni una banda vieja arrastrándose por contrato.

Hay riffs, hay estribillos, hay metal clásico bien hecho y hay una sensación de orgullo profesional que en el heavy vale bastante más que muchas poses extremas.

Por qué está aquí: porque Judas Priest demostraron que ser leyenda no tiene por qué significar vivir de rentas.
11

Accept – Blood of the Nations

2010 Heavy alemán Regreso

Lo de Accept fue raro. Parecían una banda que ya pertenecía al archivo. Un nombre importante, sí, pero del que no esperabas un golpe real en 2010.

Blood of the Nations llegó como una hostia alemana dada sin pedir permiso. Mark Tornillo no intentó ser Udo Dirkschneider, y esa fue la clave. La banda no se limitó a hacer karaoke de sí misma. Recuperó músculo, recuperó identidad y sacó un disco clásico sin olor a naftalina.

“Teutonic Terror” resume perfectamente el asunto. Heavy metal con mandíbula cuadrada. No pretende abrirte el tercer ojo. Quiere que levantes el puño y aceptes que a veces eso es suficiente.

Por qué está aquí: porque fue el regreso que nadie necesitaba sobre el papel y luego acabó pareciendo obligatorio.
10

Tool – Fear Inoculum

2019 Progresivo Regreso esperado

Fear Inoculum es el disco más fácil de sobrevalorar y de infravalorar al mismo tiempo. Trece años de espera son una condena. Ningún disco puede competir limpio contra la imaginación de sus fans durante más de una década.

Cuando salió, muchos reaccionaron como si Tool hubieran entregado las tablas de la ley. Otros dijeron que era una colección de sobras de discos anteriores estiradas hasta parecer profundas. La verdad está en medio.

El disco tiene momentos enormes. Danny Carey está en otra liga. La banda sigue manejando tensión, repetición y arquitectura progresiva con una personalidad que casi nadie puede copiar sin quedar en ridículo. Pero también es un disco que a veces confunde paciencia con lentitud y solemnidad con profundidad.

Por qué está aquí: porque incluso un Tool menos peligroso sigue teniendo más mundo que la mayoría de bandas trabajando al máximo.
9

Battle Beast – Battle Beast

2013 Heavy metal Himnos

Este puesto va a molestar a más de uno. Perfecto.

Battle Beast no es el disco más elegante de la década. No es el más complejo. No es el más oscuro. No es el más “respetable” para quien necesita que todo el metal parezca una tesis sobre el sufrimiento humano.

Pero tiene algo que a muchos discos supuestamente superiores les falta: canciones que entran a la primera y se quedan. Battle Beast hicieron un disco de heavy metal pegadizo, descarado, con teclados, coros enormes y ese punto hortera que puede hundirte o convertirte en una máquina de himnos.

Por qué está aquí: porque el metal también puede ser ridículo, brillante y adictivo sin pedir perdón.
8

Septicflesh – The Great Mass

2011 Sinfónico extremo Grandilocuencia

The Great Mass es una barbaridad con traje de gala. Septicflesh cogieron metal extremo, orquestación, coros y una ambición casi cinematográfica y lo llevaron a un punto donde todo podía haberse convertido en cartón piedra. Pero no.

El disco funciona porque debajo del aparato sinfónico hay canciones con peso real. “The Vampire from Nazareth” ya deja claro que esto no va de poner cuerdas para parecer más caro. Va de construir una arquitectura oscura donde lo brutal y lo orquestal se empujan mutuamente.

El peligro de estos discos es sonar como una banda sonora de videojuego con guturales encima. Septicflesh evitan la trampa porque tienen sentido del drama, pero también sentido del golpe.

Por qué está aquí: porque pocas bandas han conseguido sonar tan grandilocuentes sin parecer un chiste involuntario.
7

Mgła – Exercises in Futility

2015 Black metal Frialdad

Aquí entramos en terreno menos amable. Exercises in Futility es uno de los discos de black metal más comentados de la década. También uno de los más peligrosos de colocar en una lista general, porque hay quien lo considera una obra maestra y quien cree que está inflado.

Mi postura es clara: está algo hypeado, pero sigue siendo muy bueno. Mgła no inventó la tristeza, ni la misantropía, ni el riff circular, ni esa batería que parece estar pensando por encima de la canción. Pero lo ordenó todo con una frialdad tremenda.

No es un álbum para entrar en el metal. Es un álbum para cuando ya estás dentro y quieres que algo te mire mal desde una habitación sin ventanas.

Por qué está aquí: porque incluso con hype sigue siendo uno de los discos extremos más sólidos de los 2010.
6

Trees of Eternity – Hour of the Nightingale

2016 Gothic doom Dolor real

Este disco no se escucha igual que los demás. Hour of the Nightingale tiene una carga emocional que no se puede separar de la muerte de Aleah Stanbridge. Eso puede jugar a favor y en contra. A favor porque da al álbum una dimensión humana brutal. En contra porque existe el riesgo de valorar más la tragedia que la música.

Pero aquí la música aguanta. Trees of Eternity entregaron un disco gótico, lento, melancólico y profundamente hermoso. No intenta impresionar con virtuosismo ni con producción gigantesca. Funciona por clima, por voz, por composición y por una tristeza que no suena impostada.

La voz de Aleah no necesita gritar para ocuparlo todo. Esa es la clave. Hay cantantes que te empujan. Ella te deja caer.

Por qué está aquí: porque no todo gran disco de metal tiene que sonar como una guerra. Algunos duelen más cuando apenas levantan la voz.
5

Amorphis – Under the Red Cloud

2015 Death melódico Folk/progresivo

Under the Red Cloud es una recomendación casi segura. Y eso, en metal, tiene mucho mérito.

Amorphis llevan años en un punto extraño. Son respetados por casi todo el mundo, pero no siempre se les coloca en la conversación grande con la contundencia que merecen. Quizá porque no tienen el morbo de una banda rota, ni la polémica de una banda blasfema, ni la estética de una secta con merchandising.

Lo suyo es menos vendible, pero más difícil: hacer discos excelentes con una regularidad insultante. Este álbum mezcla death melódico, folk, progresivo, estribillos grandes, riffs poderosos y una producción limpia sin plastificar la banda.

Por qué está aquí: porque Amorphis hicieron uno de los discos más completos y recomendables de toda la década.
4

Power Trip – Nightmare Logic

2017 Thrash crossover Urgencia

Nightmare Logic tiene que estar aquí. Power Trip hicieron en 2017 algo que parecía imposible: recuperar el thrash crossover sin que sonara a recreación de museo, nostalgia barata ni grupo de chavales imitando fotos antiguas.

El disco es corto, directo, violento y con una producción que suena moderna sin quitarle mugre. No hay grasa. No hay relleno. No hay pose intelectual. Solo riffs, urgencia y una sensación de peligro real que muchos discos técnicamente más perfectos no tienen ni de lejos.

Riley Gale cantaba con una rabia que no parecía fabricada. La banda sonaba como si el thrash hubiera vuelto a entrar en una habitación llena de gente aburrida para romper los muebles.

Por qué está aquí: porque recordó que el thrash todavía podía sonar urgente, joven y peligroso.
3

Ghost – Meliora

2015 Metal teatral Himnos

En muchas conversaciones de fans, Meliora aparece como disco de la década. Y se entiende. Es el momento en que Ghost pasó de curiosidad satánica con melodías pop a fenómeno real. El álbum tiene canciones, imagen, concepto y una producción impecable.

“Spirit”, “From the Pinnacle to the Pit”, “Cirice”, “He Is” y “Mummy Dust” forman una colección difícil de discutir. El disco entiende algo que muchas bandas de metal olvidan: que un riff puede ser oscuro, pero una melodía memorable es lo que convierte una canción en patrimonio.

Ghost no son los más duros. No son los más técnicos. No son los más extremos. Tampoco hace falta. Su golpe fue otro: hicieron que el metal volviera a ser teatral, pegadizo y reconocible para gente que quizá no iba a entrar por una puerta llena de blast beats.

Por qué está aquí: porque convirtió a Ghost en una banda grande y recordó que el metal también necesita canciones que parezcan himnos.
2

Behemoth – The Satanist

2014 Blackened death metal Obra total

The Satanist era el candidato natural al número uno. Y casi lo sigue siendo. Behemoth hicieron aquí su obra más redonda. No la más salvaje, no la más underground, no la más difícil. La más completa.

Venía además con el contexto de Nergal sobreviviendo a la leucemia, pero el álbum no cae en sentimentalismos. No suena como un superviviente pidiendo aplauso. Suena como alguien que ha vuelto de un sitio horrible con una fe todavía más negra en sí mismo.

“Blow Your Trumpets Gabriel” abre como una procesión torcida. “Ora Pro Nobis Lucifer” demuestra que el metal extremo también puede tener gancho. “O Father O Satan O Sun!” cierra con una grandeza casi litúrgica.

Por qué está aquí: porque Behemoth convirtieron el blackened death metal en una obra total sin quitarle colmillo.
1

Gojira – L’Enfant Sauvage

2012 Metal moderno Roadrunner

Sí, Gojira se quedan con el número uno. Y no porque sea el disco más perfecto de la lista. The Satanist es más redondo como artefacto oscuro. Meliora tiene más canciones coreables. Under the Red Cloud es más recomendable para casi cualquier oyente. Pero L’Enfant Sauvage representa mejor que ninguno lo que el metal podía ser en la década de 2010.

Pesado sin quedarse en bruto. Técnico sin convertirse en gimnasia. Espiritual sin dar vergüenza. Moderno sin sonar domesticado. Global sin perder identidad. Gojira consiguió algo rarísimo: sonar como una banda de metal de presente, no como guardianes de un pasado glorioso ni como oportunistas intentando traducir el género a un público nuevo.

El disco tiene rabia, sí. Pero también tiene aire. Tiene técnica, pero no presume de ella. Tiene mensaje, pero no te lo estampa en la frente con la delicadeza de un folleto. Y tiene algo que muchos discos de metal de la década buscaron sin encontrar del todo: una identidad absolutamente propia.

Por qué está aquí: porque Gojira hicieron el disco que mejor resume la década. No el más famoso, no el más oscuro, no el más cómodo. El más representativo.

La lista final

  1. Iron Maiden – The Book of Souls
  2. Avenged Sevenfold – The Stage
  3. Deftones – Diamond Eyes
  4. Judas Priest – Firepower
  5. Accept – Blood of the Nations
  6. Tool – Fear Inoculum
  7. Battle Beast – Battle Beast
  8. Septicflesh – The Great Mass
  9. Mgła – Exercises in Futility
  10. Trees of Eternity – Hour of the Nightingale
  11. Amorphis – Under the Red Cloud
  12. Power Trip – Nightmare Logic
  13. Ghost – Meliora
  14. Behemoth – The Satanist
  15. Gojira – L’Enfant Sauvage

La década de 2010 fue más fuerte de lo que parecía mientras la estábamos viviendo.

No tuvo un Master of Puppets. No tuvo un Reign in Blood. No tuvo un Black Album. Tampoco hacía falta.

Tuvo a Ghost demostrando que el metal podía volver a ser teatral y popular. Tuvo a Behemoth convirtiendo el extremo en arte oscuro de alto presupuesto. Tuvo a Gojira llevando el metal moderno a una escala que antes parecía reservada a bandas más simples. Tuvo a Power Trip devolviendo violencia joven al thrash. Y tuvo a veteranos como Judas Priest, Accept, Iron Maiden y Tool negándose a aceptar que su sitio era solo una camiseta vieja.

Si una década te deja discos como L’Enfant Sauvage, The Satanist, Meliora, Nightmare Logic y Under the Red Cloud, quizá el problema no era la música. Quizá el problema era que no estábamos mirando bien.

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