¿Quién se llevará la corona del nu metal en Viveiro? Korn VS Slipknot
El Resurrection Fest 2025, que se celebrará en Viveiro del 25 al 28 de junio, promete ser una edición inolvidable con un cartel encabezado por auténticos gigantes del metal como Judas Priest, Falling In Reverse, Till Lindemann, Korn y Slipknot. Sin desmerecer la potencia y el legado de todos ellos, la atención se ha centrado en la inevitable confrontación sonora entre Korn y Slipknot, dos titanes del nu metal cuya presencia conjunta ha desatado la expectación de buena parte del público.
Trayectorias que marcaron una era (y chocaron entre sí)
Korn nació en el polvo ardiente de Bakersfield, California, en 1993. Fueron los arquitectos del nu metal, los que convirtieron la angustia adolescente en un monstruo de riffs pesados, afinaciones podridas y letras que sangraban dolor. Su álbum debut en 1994 no solo rompió moldes, los reescribió. Cada nota era una bofetada a la complacencia del rock noventero. Y su legado fue inmediato: una nueva generación de bandas se empapó de su sonido, entre ellas unos tipos enmascarados que venían desde Iowa con ganas de incendiarlo todo. Slipknot surgió en 1995 como un huracán de rabia industrial y violencia sonora. Si Korn encarnaba la alienación, Slipknot la convirtió en una estampida. Su disco debut en 1999 fue una patada en la boca a la industria musical: blast beats, múltiples vocalistas, percusión tribal y una estética de pesadilla que haría temblar a Marilyn Manson. Desde entonces, han alimentado una legión de fans que no siguen a una banda, siguen a una religión.
Y sí, hubo respeto. A regañadientes al principio, pero lo hubo. De hecho, no todo fue tensión: con los años, la historia giró y los caminos se cruzaron más de una vez. En 2022, Corey Taylor subió al escenario con Korn para cantar «Freak on a Leash», en uno de esos momentos en los que el pasado se reconcilia con el presente ante miles de gargantas rugientes. También se dejaron ver juntos en festivales, compartieron cartel, e incluso intercambiaron halagos en entrevistas recientes, bajando el hacha de guerra y levantando el puño del respeto mutuo. Porque cuando dos bestias dominan el mismo terreno, pueden mirarse con odio… o con admiración.
Rencores, máscaras y egos
Durante años, Korn y Slipknot compartieron escenario, género y fans, pero nunca fueron realmente aliados. Aunque jamás llegaron a los puños, la tensión entre ambas bandas fue evidente, sorda y cargada de orgullo herido. Fue una guerra fría dentro del nu metal, donde las declaraciones cruzadas, los silencios elocuentes y los egos inflamados dijeron más que cualquier pelea abierta.
Todo empezó con la irrupción violenta de Slipknot a finales de los 90. Mientras Korn ya llevaba el estandarte del nu metal desde su debut en el ‘94, los de Iowa llegaron como un tsunami de odio, máscaras y caos. En apenas un par de años, Slipknot se convirtió en un fenómeno global, y eso no sentó nada bien a Jonathan Davis. En entrevistas de aquellos años, el líder de Korn no ocultaba su incomodidad: llegó a decir que no entendía cómo una banda que “solo grita con máscaras de payaso” había llegado tan lejos. Lo soltó con desdén, como quien intenta morder pero se ahoga en celos.
Corey Taylor, por su parte, nunca se quedó callado. Aunque siempre más diplomático, lanzaba indirectas con la precisión de un francotirador. “Algunos de los que abrieron el camino para el nu metal terminaron arrastrándose por sonar en la radio”, soltó en una entrevista. Nunca dijo nombres, pero el tiro apuntaba claro: Korn, para muchos, había perdido filo justo cuando Slipknot afilaba cuchillas.
Mientras uno se aferraba al trono, el otro lo arrancaba con las uñas. Y los fans lo sabían. Las comparaciones eran constantes: Korn eran los pioneros, los creadores, los que abrieron la jaula. Slipknot, los animales que salieron de ella para devorarlo todo. El pique se alimentó de cifras de ventas, de giras mastodónticas y de una batalla implícita por quién representaba mejor la furia de una generación.
En los festivales, el ambiente era gélido. Las dos bandas coincidían, se saludaban con frialdad —cuando lo hacían— y cada uno se encerraba en su backstage como en un búnker. No había insultos directos, no había beef explícito, pero se respiraba el mal rollo. Pocas colaboraciones, cero complicidad. Dos mundos condenados a compartir espacio sin querer mirarse a los ojos.
Con el tiempo, la rivalidad se fue apagando. El mercado cambió, el nu metal murió y renació mil veces, y tanto Korn como Slipknot aprendieron a coexistir. De hecho, en los últimos años han compartido cartel sin mayores dramas, e incluso han posado juntos. Pero que nadie se confunda: hubo una época en que estas dos bandas no se soportaban. No necesitaban decirlo a gritos. Les bastaba con mirarse desde la distancia… y no saludar.
¿Quién se lleva la corona en Viveiro?
No es solo un festival. Es historia viva del nu metal, rugiendo desde el norte de Galicia. Korn y Slipknot, dos titanes que definieron una era, compartirán escenario en el Resurrection Fest 2025 por primera vez desde que dejaron atrás sus viejas tensiones. Hoy reina el respeto mutuo, pero en directo nadie da tregua. No hay nostalgia que valga cuando las luces se apagan y el público ruge. Aquí no importa quién fue primero ni quién vendió más. Se trata de quién incendia Viveiro, quién convierte su set en una experiencia catártica, brutal, inolvidable.
Ambos llegan con los cuchillos afilados. Korn arrastra tres décadas de legado y un setlist repleto de himnos que marcaron a toda una generación. Slipknot, por su parte, sigue siendo un ritual de violencia escénica y comunión tribal. No vienen a tocar. Vienen a dominar. Y aunque ya no haya beef, hay algo que nunca desaparece: la necesidad de aplastar al otro en el escenario. Porque en Viveiro no hay empate. Solo uno saldrá coronado. El otro, por mucho respeto que le tengan, solo podrá ver cómo se levanta el puño ajeno.
